Después de una agobiante caminata matutina por Cabildo me dije a mi misma "Oh, pero qué gran día para meterme en mi confiable pelopincho!". Estaba menos llena que otras veces, así que me pareció indicado llenarla un poco antes de meterme, acción que realizó mi querida madre que se encontraba en la planta alta de la casa (dato importante: este suceso tuvo lugar aproximadamente a la 1:30). Confiada de que iba a tardar un rato en llenarse, me senté en el comedor a ver Friends, y entre una cosa y la otra, el reloj marcó las 2:15 y yo todavía sin subir.
Cuando por fin me decidí a ir a la terraza, me encontré con mi amada pelopincho llena hasta el borde. Procedí entonces a cerrar la canilla, y empecéa sacarle agua con la manguera. Pero justo en ese momento decisivo, la pileta decidió no aguantar el peso que se le había encomendado sostener, y una de sus patas ( inconvenientemente la que se encontraba del lado de la ventilación que da a mi patio, más avanzado el relato notarán el por qué de la inconveniencia) se safó, generando así el desastre. Litros y litros de agua formaron una ola dirigida, por fortuna, hacia la rejilla, pero arrastrando con ella a todo lo que se cruzó su camino, incluyendo a la santa rita y a mi pobre e indefensa tortuga. La planta no corría peligro dadas sus dimensiones, pero mi tortuga en cambio, en el caso de salirse la rejilla, podría haberse escurrido por el desagüe, y oh dios! Quién sabe que hubiera sido de ella! Así que mientras gritaba desaforadamente "Gacheeeeeeeeeeee" (pseudonimo de mi progenitora) corrí a socorrer a la pequeña imitación de dinosaurio que vive en mi terraza. Subió entonces la ya mencionada Gache, preguntándome (y, para que negarlo, acusándome un poco) que había pasado, si estaba bien, y si sabía cómo diantres se había inundado el patio (he aquí el problema de la ventilación). Dejando en claro que yo no había tenido la culpa de nada de lo sucedido (lavandome las manos como se dice comunmente), contesté las preguntas y bajé para ayudar a limpiar... Un desastre señoras y señores, todo empapado, hasta la comida del perro, que cuesta 15 $ el kilo ... QUINCE!
Por supuesto evité comentar que la pileta se había sobrellenado por mi culpa, maniobra gracias a la cual no se derramó mi inocente sangre.
Así que ya saben, en el momento de llenar una pelopincho, sean cuidadosos, controlen el tiempo transcurrido, y no se pongan a mirar sitcoms que ya saben de memoria. Y en el peor de los casos, cuando ocurre el desastre, NUNCA asuman la culpa.

2 comentarios:

Bastian Von Tunnen dijo...

jajaja buenisima la anecdota! como siempre, me haces perder 5 minutos pero me rio jaja nah chiste
Cheeee ando sin internet de nuevo, todo mal, hice una denuncia a telecom posta, veremos que pasa... la otra semana me voy de vacas asi que no se si tendre internet antes del viernes que viene, por las dudas dejo mis saludos y deja de hacer cagadas querida! jaja
besosss

Belén dijo...

jajajajajajjajajajaja
aaaaaaa que grande que sos
pequeña imitación de dinosaurio, genial

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